Manifiesto a los Pueblos Americanos (1868)

¡VIVA LA UNIÓN AMERICANA!

Manifiesto a los pueblos Americanos, sobre los acontecimientos políticos de la República Argentina, en los años 1866 y 1867

I

Manifiesto del General Felipe Varela

Manifiesto del General Felipe Varela

El desarrollo de los sucesos políticos de la República Argentina en los años 1866 y 67, han sido objeto de la atención de los demás pueblos americanos, como que ellos envolvían una alta significación para los grandes destinos de la América Unida.
Cuando el actual Presidente de la República Boliviana indicó al Continente, el medio de ser fuerte, invencible, grande, glorioso, es decir: la Alianza de las Repúblicas para repeler las ambiciones monárquicas de Europa, los ojos americanos se fijaron allá en la margen del Atlántico, en las costas Uruguayas y Argentinas, como la llave principal de todos los pueblos que se extienden desde esas costas hasta las del Pacífico.
Aquel pensamiento fue acogido con todo el entusiasmo y acatamiento de su magna importancia, por todos los hombres patriotas del Sud del Nuevo Mundo, no habiendo uno solo de ellos que dudase de la sola aquiescencia del Gobierno Argentino a estos grandes principios, renuevo de los que llegaron a todas las Repúblicas, cuando se trató de su libertad contra el Poder de la España que las subyugaba. […]
Los pueblos generosos de la América, como se ha dicho, acogieron llenos de entusiasmo la iniciación de esta grande idea, por que ella es el escudo de la garantía de su órden social, de sus derechos adquiridos con su sangre.
Hay un gran principio social que dice: LA UNIÓN ES LA FUERZA; pero no es la verdad lógica desprendida de él, lo que movió a los pueblos a formar la liga, sino la evidencia práctica desprendida de los hechos mismos que han tenido lugar en nuestro jóven Continente, en los primeros años de este siglo, cuando las ideas de democracia y de República, comenzaban a germinar en nuestro corazón, oprimido por un yugo monárquico.
El Gobierno de Buenos-Aires, sin embargo, por miras que se pondrán luego de relieve, negó solapadamente la justicia de esta grande idea, negándose también a tomar parte en la Unión que se consolidaba por medio de un Congreso Americano en Lima, so pretexto de ser inconveniente a los intereses Argentinos, comprometidos en una alianza con la corona Brasilera […]
Decía que, según la política de Mitre, el compromiso con la corona del Brasil en que su Gobierno se hallaba, hacía inconveniente a los intereses Argentinos la Alianza con las Repúblicas Americanas. […]
Ese primer paso de la política de Mitre, dio su fruto deseado: la anexsión, que no tardará mucho, del Uruguay al Imperio, pues desde entonces le pertenece, y la guerra con el Paraguay, que envuelve por parte de Mitre aspiraciones más crecidas pero aún criminales
II
En efecto, la guerra con el Paraguay era un acontecimiento ya calculado, premeditado por el General Mitre.
Cuando los ejércitos imperiales atraídos por él, sin causa alguna justificable, sin pretexto alguno razonable, fueron a dominar la débil República del Uruguay, aliándose con el poder rebelde de Flores en guerra civil abierta con el poder de aquella República, comprendió el Gobierno del Paraguay que la independencia Uruguaya peligraba de un modo serio, que el derecho del más fuerte era la causa de su muerte, y que por consiguiente las garantías de su propia libertad quedaban a merced del capricho de una potencia más poderosa.
Pesaron estas razones en la conciencia del General Presidente López de la República Paraguaya, y buscando una garantía sólida a la conservación de sus propias instituciones, desenvainó su espada para defender al Uruguay de la dominación brasilera a la que Mitre lo había entregado.
Fue entonces que aquel Gobierno se dirijió al Arjentino solicitando el paso inocente de sus ejércitos por Misiones, para llevar la guerra que formalmente había declarado el Brasil

Fustas en mano dialogan el General Bartolomé Mitre y el Brigadier General Francisco Solano López. Este paso del Presidente López, era una gota de rocío derramada sobre el corazón ambicioso de Mitre, por que le enseñaba en perspectiva el camino más corto para hallar una máscara de legalidad con que disfrazarse, y poder llevar pomposamente una guerra Nacional al Paraguay: guerra premeditada, guerra estudiada, guerra ambiciosa de dominio, contraria á los santos principios de la Unión Americana, cuya base fundamental es la conservación incólume de la soberanía de cada República.
El General Mitre, invocando los principios de la más estricta neutralidad, negaba de todo punto al Presidente del Paraguay su solicitud mientras con la otra mano firmaba el permiso para que el Brasil hiciera su cuartel general en la Provincia Argentina de Corrientes, para llevar el ataque desde allí a las huestes paraguayas.
Esa política injustificable fue conocida ante el parlamento de Londres por una correspondencia leída en él del Ministro Inglés en Buenos Aires, a quien Mitre había confiado los secretos, de sus grandes crímenes políticos.
Textualmente dice el Ministro inglés citado: «Tanto el Presidente Mitre como el Ministro Elizalde, me han declarado varias veces, que aun que por ahora no pensaban en anexar el Paraguay a la República Argentina, no querían contraer sobre esto compromiso alguno con el Brasil, pues cualesquiera que sean al presente sus vistas, las circunstancias podría cambiarlas en otro sentido» (Nota al pié en el libro: Correpondence of April 24 of 1865, respecting Hostiliities in de River Plate, del Ministro Inglés en Buenos Aires á Lord Russell, miembro del Parlamento de Londres ).
Los destinos de esa desgraciada República están amenazados de ser juguete de las cavilosidades de Mitre […] 

Esta verdad se confirma con estas otras palabras del mismo Ministro Inglés citado: «El Ministro Elizalde, que cuenta como cuarenta años de edad, me ha dicho que espera vivir lo bastante para ver a Bolivia, el Paraguay y la República Argentina, unidos formando una poderosa República en el Continente»
Estas han sido las aspiraciones del General Mitre y los propósitos de su política, desde que entregó criminalmente a la dominación de la corona, a la vecina e inofensiva República del Uruguay.
Estas también han sido las razones que han pesado en su conciencia para rehusar la Unión que le pedían las Repúblicas Aliadas, invocando toda la comunidad de antecedentes que desde la guerra de su emancipación las liga.
Aquellos también han sido los motivos que pesaron en la conciencia de los gobiernos Americanos, en la protesta que hicieron contra la alianza tripartita del Plata y sus miras respecto de la hermana República del Paraguay.
No he hecho esta ligera reseña con el ánimo de hacer cargo de ninguna naturaleza al emperador de Brasil, pues en mi conciencia, él no ha hecho más que aprovechar la circunstancia que le ha presentado el poder de Mitre, para engrandecer su imperio, y dar riquezas a su Gobierno […]
Las provincias Argentinas, empero, no han participado jamás de estos sentimientos, por el contrario, esos pueblos han contemplado gimiendo la deserción de su Presidente, impuesto por las bayonetas, sobre la sangre Argentina, de los grandes principios de la Unión Americana , en los que han mirado siempre la salvaguardia de sus derechos y de su libertad, arrebatada en nombre de la justicia y la ley. […]
Se llevó la guerra al Paraguay: miles de ciudadanos fueron llevados atados de cada provincia, el teatro de aquella escena de sangre: ese desde la época en que el Gobierno libre se organizó en el país. Buenos Aires, a título de Capital es la provincia única que ha gozado del enorme producto del país entero, mientras en los demás pueblos, pobres y arruinados, se hacía imposible el buen quicio de las administraciones provinciales, por falta de recursos y por la pequeñez de sus entradas municipales para subvenir los gastos indispensables de su gobierno local.
A la vez, que los pueblos gemían en esta miseria sin poder dar un paso por la vía del progreso, a causa de su propia escasez, la orgullosa Buenos Aires botaba ingentes sumas en embellecer sus paseos públicos, en construir teatros, en erigir estatuas y en elementos de puro lujo.
De modo que las provincias eran desgraciados países sirvientes, pueblos tributarios de Buenos Aires, que perdían la nacionalidad de sus derechos, cuando se trataba del tesoro Nacional.
En esta verdad está el origen de la guerra de cincuenta años en que las provincias han estado en lucha abierta con Buenos Aires, dando por resultado esta contienda, la preponderancia despótica del porteño sobre el provinciano, hasta el punto de tratarlo como a un ser de escala inferior y de más limitados derechos.
Buenos Aires es la metrópoli de la República Argentina, como España lo fue de la América. Ser partidario de Buenos Aires, es ser ciudadano amante a su patria, pero ser amigo de la libertad, de las provincias y de que entren en el goce de sus derechos ¡oh! eso es ser traidor a la patria, y es por consiguiente un delito que pone a los ciudadanos fuera de la ley!
He ahí, pues, los tiempos del coloniaje existentes en miniatura, en la República, y la guerra de 1810 reproducida en 1866 y 67, entre el pueblo de Buenos Aires (España) y las provincias del Plata (colonias americanas).
Sin embargo, esa guerra eterna dio a fines de 1859 por resultado la victoria de los pueblos Argentinos sobre el poder dominante de la Capital. Sus diez millones de renta estaban, por consiguiente recobrados, pero como no era posible despojar a Buenos Aires de un solo golpe de tan ingente cantidad, arreglada a la cual había creado sus necesidades, pues eso hubiera sido sepultarla en una ruina completa, tuvieron todavía la generosidad los provincianos, de celebrar un pacto, por el cual concedían a Buenos Aires el goce por cinco años más de las entradas locales para llenar su pomposo presupuesto.
Fue entonces que los Porteños invocaron la hidalguía del que hoy llaman bárbaro, del presidente actual del Paraguay Mariscal Don Francisco Solano López, para que con su respetabilidad y talento interviniese en el pacto que celebraban las provincias Argentinas con Buenos-Aires vencida.
El Mariscal López accedió generoso, garantiendo el cumplimiento del tratado por ámbas partes con su propio poder.
En Noviembre de 1865 debían espirar estos tratados, y entrar las provincias en el goce de lo que verdaderamente les pertenece, las entradas nacionales de diez millones que ellas producen.
Cuando el sesenta y cuatro aun no llegaba, cuando Mitre aun no asaltaba la Presidencia de la Nación, por un órgano público de Buenos Aires decía el futuro caudillo, sobre el pacto con el Paraguay: «Esos tratados serán despedazados y sus fragmentos arrojados al viento.»
Por fin el General Mitre revolucionó a la Provincia de Buenos Aires contra las demás provincias Argentinas, cuyos dos poderes se batieron en Pavon.
La suerte estuvo del lado de aquel Porteño malvado que se sentó Presidente sobre un trono de sangre, de cadáveres y de lágrimas Argentinas.
Entre tanto los tratados por el Paraguay vivían, y llegado el término podía esta nación exigir su cumplimiento.
He aquí otra de las causas fundamentales de la guerra llevada por Mitre a la República Paraguaya, desarmando así a las provincias del poder aliado que garantía su felicidad, contra la infamia de un usurpador.
Después de este golpe maestro, el General Mitre desfiguró la carta democrática dada por las provincias vencedoras en Caceros, y la desfiguró á su antojo, después de haber jurado con lágrimas en los ojos respetarla, explotando así la generosidad de los pueblos, que entonces pudieron plantar la bandera de la humillación y del dominio en la misma plaza de Buenos Aires.
Esa reforma dio por fruto el regalo eterno de las rentas nacionales a la ciudad bonaerense, el despojo para siempre de la propiedad de los pobres provincianos, y aun algo más, el empeño de las desgraciadas provincias en más de cien millones, para sostener una guerra contra sus intereses, contra su aliado, contra el poder combatido por tener el crimen de haber garantido la paz Argentina y la felicidad de todos los pueblos, en Noviembre de 1859.
Es por estas incontestables razones que los Argentinos de corazón, y sobre todo los que no somos hijos de la Capital, hemos estado siempre del lado del Paraguay en la guerra que, por debilitarnos, por desarmarnos, por arruinarnos, le ha llevado Mitre a fuerza de intrigas y de infamias contra la voluntad de toda la Nación entera, a excepción de la egoísta Buenos Aires.
Es por esto mismo que es uno de nuestros propósitos manifestado en la invitación citada, la paz y la amistad con el Paraguay .

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